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8/9/10

Paseíto

Hoy, de paseo por el parque aprovechando el despuntar de la primavera, me encontré con un viejo amigo: Martín, el que va a tocar la guitarra a mi universidad. Ni bien lo vi lo saludé y nos pusimos a conversar un ratico aunque fue breve, a decir verdad, porque había ido con Esa voz Grave y él estaba tomando mate con mi tía. Y cuando estos dos se juntan es difícil hacer una caminata a ritmo normal o incluso detenerse unos minutos para mirar contemplar cualquier cosa o conversar con nadie porque, con estos adultos, uno no puede nunca estar tranquilo, ya que siempre se mueven de aquí para allá apurados. Como cuando uno va con ellos al supermercado: que esto, que aquello, pero nunca detenerse con calma o divertirse de veras.
De todos modos, siempre es un placer pasear un poco con adultos, aunque tengan sus cosas. Supongo que con Martín platicaremos a gusto cuando nos veamos en mi Universidad del Jardín, cuando encontremos la calma que nuestras conversaciones requieren.

10/7/10

Nepotismo elector

Emulando a los grandes maestros del mal, ya me venía hace tiempo pensando en alguna venganza porque mi dieta no consiste sólo de yoghurt, chocolate, banana, pan blando, dulce de leche y galletitas. Pero el otro día, y sin un plan muy meditado, hice un gol de media cancha.
Mis progenitores fueron a cenar afuera con dos amigos ¡y me llevaron! Claro, pensaban que me dormiría, pero yo no quería. Esa Voz Grave fue quien más insistió en que durmiese, pero no lo logró. Antes de irnos los adultos llenaron unos papelitos con no sé qué cosa y uno de los que traían pan ofreció sortear de entre todos los papelitos del restaurante un premio. Mi madre me ofreció como elector del papelito ganador. Los adultos creen que los niños somos puros y blancos como ángeles ¡cómo pueden pensar eso si alguna vez cambiaron pañales y vieron nuestras rabietas! Y así fue: elegí un papelito. Había muchos, parecían más que los comensales que había en ese montón de mesas, pero al final elegí uno: el que tenía la tinta de la lapicera omnipresente en la camisa de papá. El que nos traía pan me sacó el papelito de la mano y dijo quién había ganado, y resultó evidente el nepotismo sorteil.
Y sí, sentí el odio de las gentes de las demás mesas. Pensé que lo mirarían a él, que ganó el papelito -ya que estamos, no entiendo porqué los adultos aman tanto las cosas de papel: diarios, libros, billetes, etc.-, pero no; me miraron a mí. Y como soy un niño, y se supone que soy puro y angelical, sus miradas pronto se desviaron.
Igual, papá se puso colorado, con lo que el plan cumplió su cometido.

28/4/10

Cuba, parece

Esa Voz grave siempre dice que esto es el tercer mundo, no el primero ni el segundo ni el segundo y medio. Dice que, a pesar de eso, lo prefiere por su gente y sus características. Una, tal vez, sean sus paisajes:

9/11/09

Será un revival

Esa voz grave siempre me dice "Felixín, no llores más, que está pasado de moda. Ni siquiera es de la temporada del año pasado; fue de una de hace mucho tiempo".
Yo no sé qué concepción tendrá de la moda, pero me parece que no es precisamente su especialidad. En todo caso, en la nueva guardería no hago más que ver que es el furor del último momento. Más a la moda que la violencia machista o las muñecas de ojos gigantes, otras dos cosas que refuerzan la moda antes dicha: dan ganas de llorar.

9/8/09

Manjar supremo

Había ya probado varias cosas, sin contar la clásica leche de toda la vida, porque mis padres creen que seré mejor si como variado: pollo, ternera, calabacines, judías verdes, patatas, zanahorias, mandarinas, sandías, peras, plátanos, manzanas, melones, naranjas, cereales, etc. Además, la Vieja se empecina en que estas cosas son más ricas bien mezcladas, y me hace unos menjunjes entre pollo, mandarina y patatas, por ejemplo, que tiene gusto al plástico que los contiene, con que el sabor final es un imposible indiferenciable.
Pero, en un claro ataque de locura, Esa Voz Grave me dió dulce de leche casero. Es decir, lo hizo y me lo dió mientras decía pavadas, como siempre, en principio por falta de azúcar (en él, porque en lo que me dio no creo). Y.... claro, sospecho que el haberlo probado es haber comenzado un camino de ida: ¡¡es algo supremo!! Mejor, incluso, que la leche misma. Ahora me haré el hipoglucémico, a ver si me dan más. ¡Qué buena es la vida con esto!

22/7/09

Mi nuevo ídolo


Aunque sea por Esa Voz Grave que tengo un ídolo, un referente a quien seguir en mi vida, él está equivocado. Equivocado, al menos, en que no es él mi modelo. No creo que él sea más fuerte que supermán, como supone.

La cosa va por otro lado: gracias a él (que también es admirador suyo) conozco a mi super super-héroe: la grande, la siempre y por mucho inmerecida Pantera Rosa. Tal vez porque no habla, tal vez por su misterio, o incluso por sus inofensivos bigotes. No sé por qué, pero sé que de grande quiero ser así.

15/7/09

Motes vascongados

La Voz Grave, pobrecito él, cree que comprendo el vasco. Ergo, me ha puesto sobrenombres cariñosos en tal idioma. Sospecho que, en realidad, él les asignó mentalmente significados a algunas de estas cosas que me dice (si alguno puede traducir alguna de ellas, le estaré bebelmente agradecido):

+ Eustantungui
+ Azpimarratu
+ Txantxo gusto
+ Ezteribinbimbumchi
+ Gorriguirronchi
+ Txiquirimpuroco
+ Abangaboi
+ Piltriquitrón
+ Kutxigurrunchi
+ Munchi's
+ Piquitimocho
+ Gorrinchinluri
+ Taratatxin txin pum!

4/11/08

Danzas tribales

Cada tanto, Esa Voz Grave (que se dice mi papá) me enseña danzas tribales. Dice que a nosotros, por ser negros, nos discriminan en este país, y que es importante mantener nuestras tradiciones. Por eso, también, me ofrece mate. No sé cómo serán los no-negros, pero supongo que no harán danzas tribales ni tomarán mate.

Igual, Esa Voz Grave no parece asustada, más bien al contrario, se ríe como un loco. Además.... a veces tiene risa de loco. La Pecera, en cambio, tiene una risa diferente, y me divierte mucho porque me sacude. No sólo es más dulce, sino más constante, especialmente a la mañana.

Desde hace unos días, me la paso saltando y dando vueltas más que antes, en atención a practicar estas danzas. A veces, en especial cuando apoyan las manos sobre mi pecera, o cuando hace mucho silencio en el lugar silencioso donde la pecera pasa horas sin caminar.
Lo mejor es esconderme donde no me pueden encontrar o poner la cabeza contra la pared, muy fuerte, para intentar verlos. Pero ¡todavía no veo nada! Sólo a veces, algo luminoso.