28/4/09

Sin voz por el llanto

Disculpe, estimado público, mi ausencia. Estuve muy ocupado. La vida del bebé no es nada fácil. Comer, vomitar, dormitar, mover la cabezota, dormir otra vez, llorar, siestear, lloriquear, comerme la mano, volver a dormir, etc.

Me quedé sin voz esta mañana. Lloré más que lo habitual, pero por lo mismo de siempre: quería que me alzaran. Sólo que quienes cumplen con mis deseos me malinterpretan y me suelen abrazarar y hacer arrumaquitos y carantoñas. Pero nada de eso pretendo: sólo que me alcen. En lugar de eso, me ponen caras de monigotes, y emiten sonidos bobalicones. Padres, abuelos, amigos: todos están al mismo nivel. Las pocas excepciones son un gran estímulo, como Juan, el Cuchu, María José o Martincito. Mis padres, me parece, son un poco desorientados y no me comprenden. ¡Ya soy un incomprendido, piensen en lo que seré cuando tenga 15 años!

29/3/09

La cola al burro

Un juego bastante básico y elemental, por lo que se da en muchas culturas, es el de "ponerle la cola al burro". Tengo un amigo que insiste en ponerme el chupete, como si fuera realmente un adminículo que me fuera co-esencial. No comprende que puede haber bebés sin chupete. así como perros sin correa o baberos sin dibujos semi-idiotas. Es difícil, pero de estas cosas hay.

Gran parte de mi tiempo la he dedicado a huir de este amigo, pero no por eso dejé de escribir. Debo confesar que he dormido mucho. Crecí bastante, y por eso lo necesité. No se preocupen, seguiré escribiendo, a no ser que sea pigmeo. Ahí va una foto durante el juego del que les parlamentaba:

9/3/09

¿Hay un cajón de abuelas?

Mamá siempre saca ropa limpia de un cajón. Tiene olor rico, a limpio. No sé cómo es que hay tanta allí, y cómo es que produce tal olor. El asunto es que hace poco tuve otra abuela, un poco como todas ellas: muy buena, cariñosa, un poco malcriadora y para la cual soy genial desde todo punto de vista. Pero hace poco, mamá la volvió a guardar, supongo que en el cajón de las abuelas. ¡Ojalá saque otra pronto, o una repetida!

24/2/09

Me río de las torturas chinas

Sí, es evidente que mis padres quieren algo de mí, pero no sé qué. Como no entiendo su idioma no sé qué será. No sé qué es lo que los enfurece tanto, o que quieran algún secreto que ni sé qué es. Pero lo grave es cómo enfrentan el asunto. No es que no cumplan con la etiqueta y no digan mesedez*, sino que se miran con cara de cómplices maliciosos, y dicen: dámelsacamokos.**

Aunque no entienda su idioma, ésa palabra clave la reconozco: con ella comienza la tortura. Me río de las torturas chinas ¡Joé, tío, eso sí que molesta! No es que duela, es como aún peor. ¿Es que hay algo más humillante que chuparle a uno los mocos con un aparatejo tan horripimefistofélico como éste? Y después hablan de las armas químicas y esas cosas... juegos de niños serán. ¡Mecachis!

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* N. del T. Transcripción literal. En vasco, significa "por favor".
** N. del T. Transcripción literal. No he podido conjeturar su significado.

19/2/09

Vocación de amuleto chamánico

Les cuento algo que últimamente estuve pensando: tal vez yo sea un pequeño dios para mis padres. Tiene para conmigo toda una serie de liturgias y ritos raros. Algunos ejemplos: todos los días me dan con cuentagotas unas pocas gotitas de unos líquidos asquerosos; me envuelven como en el interior de una alfombra enrollada -al modo de un clásico panqueque- donde no me puedo mover; me ponen caras tontirraras en determinados momentos del día; me golpetean la espalda después de cada comida; me envuelven la cintura en algo que es como unos papeles de algodón que no me dejan circular el aire por ahí abajo y que me mantienen seco, me buscan parecidos a otros miembros de la familia, etc.

Es posible, entonces, que crean que soy una reencarnación de algún diosecito menor, o una representación del espíritu de las familias, o no sé qué cosa rara. Me siento como un amuleto manoseado por la devoción popular, y besado por todos como si tuviera superpoderes. De hecho, nada me sorprendería mucho, después de que hayan dicho que soy una estufa (se lo perdono a Joanna porque me dice Nemo o incluso Nemito, como yo quiero) y que me hayan confundido con un pequeño Buda. Además, creo que los más implicados en esto son mis propios padres, que parecen muy supersticiosos con estas cosas, como cuando instan a la gente a que me alce, en vez de dejarme reposar en paz. Intentaré averiguar un poco más sobre esto, pero ya me temo lo peor: me harán un altar al peor estilo (la frase al mejor estilo no puede usarse aquí) difunta correa.

15/2/09

Obelix

Bueno, esto del crecimiento es muy normal, y para pegar el estirón hay que acumular energías antes. A las grasas los especialistas las llaman grasas. Sí, puede que ahora esté un poco más abultado o rechoncho. Pero de ahí a lo que me dijeron hoy... ¡epa!: hay un abismo.

Andrea, una niña de tres años, jugaba conmigo. Le dijeron que me cuidara, que no me maltratara, cómo me llamo, etc. Después de un rato de carantoñas y mimitos, me espeta un: ¿y tú cuándo vas a comer, Obelix? Indignante. Hasta ganas de sepultarla bajo un menhir me dieron.

11/2/09

Morna

Morna estuvo dándoles un curso a mis padres sobre eso de ser papás, y estuvo varios días en casa. El caso es que ahora que se fue, ocupé su cuarto. Dejó un poco de su aroma, pero no es lo mismo. Como ella es especialista en hacerme dormir en sus brazos, ahora que no está más la echo de menos. Ella se reiría y me diría: es que es muy navarrito y después me preguntaría, cantando: ¿qué te pasa gaucho, qué te pasa gaucho?

A las abuelas se las quiere siempre, lo sabe todo el mundo. Si uno no quiere a su abuela debe ser un poco degenerado, ¿no?

6/2/09

Causas llantales

Esa Voz Grave cree que lloro bastante poco; la Vieja, que lloro demasiado. En parte, es porque tienen ideas un poco chanfleadas sobre lo que es un bebé: para uno un bebé es un ente que llora todo el tiempo, con pausas para comer; para el otro es una muñeca, una barbie pero con un poco más de relleno. Pues no, no se han enterado de qué va la cosa.

Además, lo importante es encontrar la causa del llanto, ¿o se creen que es porque sí? Claro, la causa la buscan, pero mal. Piensan que tengo traumas de juventud, hambre, traumas del parto, dolores de cólicos (a todo esto: ¿alguien sabe qué es un cólico?), dolores intestinales, discriminación por mi color de piel, intolerancia a la lactosa, algún virus ahí metido, traumas de otro tipo, posesiones demoníacas, sed, sueño, etc. Podrían ser todas estas cosas, pero no. Nada de eso. Hasta cierto punto cualquiera de ellas me quitaría mi actual causa de llanto: es que me aburro como nunca.

Esto es un embole total. No como nada, sólo bebo leche, no entiendo su idioma, veo mal, no puedo ni moverme un poco, ni dar paseos por mí mismo, ni.... bueno, en realidad, no puedo nada. Sólo puedo llorar. Mis mayores distracciones de no-hacer nada y de llorar han sido las pocas veces en que estornudé o tuve hipo. Debo confesar que hasta ahora esta nueva vida es bastante patética. Además, con padres tontos que no me entienden.

28/1/09

Parece que nada de Nemo

Dos palabras sobre mis padres: parecen dos adolescentes emocionados cuando me miran, me dan muchos besitos (a veces demasiados, pues algunos nunca vienen mal) y hablan un idioma raro que no comprendo. El asunto es que me parece que no me pusieron Nemo de nombre. Como no entiendo un soto de lo que dicen, tampoco sé bien cuál es mi nombre, pero tengo ya una cuaterna de candidatos: Philis, Senior, Budita o Bueno, bueno...*. Ya averiguaré cuál me tocó. Mi vieja a veces me dice Nachito, y también escuché otras denominaciones como Engendro mutante , Damún mateico o Devorador lácteo llorador, pero puede que estos sean sólo advocaciones cariñosas.

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N. del T.: Translitero sin traducir. Probablemente el autor constate los fonemas. En todo caso, son nombres que no he encontrado en el Gheranhenheimmershlei-Nommendiktionnarkt de Heinrich Ghüller ni en el Diccionario autárquico exhaustivo de nombres propios castellanos de Mario Molineri Montalbán.

14/1/09

Sin pesadillas

No, no. No, tías imaginadoras, abuelas preocupadas, lectores ocasionales que piensan que esto es un sueño transnochado de algún pececito gilún, o advenedizos casuales: no tengo pesadillas todavía. Y, si las tuviera, tampoco serían -espero- como ésta:



Ya que estamos, aprovecho para recordar: quiero llamarme Nemo.